Cuando el año pasado escribía CONTIGO en esta misma terraza en la que ahora estoy sentado, no pensaba que, pasado un año, trescientos sesenta y cinco días (con permiso bisiesto), y algún sueño perdido (que son los que más años pesan), iba a estar en la misma silla, la misma mesa, la misma posición, escribiendo, con la misma bebida al lado, las mismas palabras (a veces diferentes, casi siempre idénticas), pero con la certeza de saber que, en este mismo mar que baña la costa de esta ciudad de sueños, alguien estará, mañana mismo, mientras yo duermo las letras hastiadas de otra noche en blanco, leyendo mi libro. sábado, 5 de julio de 2014
Contigo y sin ti
Cuando el año pasado escribía CONTIGO en esta misma terraza en la que ahora estoy sentado, no pensaba que, pasado un año, trescientos sesenta y cinco días (con permiso bisiesto), y algún sueño perdido (que son los que más años pesan), iba a estar en la misma silla, la misma mesa, la misma posición, escribiendo, con la misma bebida al lado, las mismas palabras (a veces diferentes, casi siempre idénticas), pero con la certeza de saber que, en este mismo mar que baña la costa de esta ciudad de sueños, alguien estará, mañana mismo, mientras yo duermo las letras hastiadas de otra noche en blanco, leyendo mi libro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)