Desde la ventana de mi habitación, se cuela la noche sin pedir permiso. Suelo mirar, al hacer una pausa, mientras escribo, a la calle, perderme en el misterio nocturno, con sus calles vacías y sus cielos llenos de estrellas, relajarme contemplando la quietud y la calma que trae la oscuridad...
Ayer, en mitad de una de esas pausas, tuve un extraño encuentro visual con un señor, que rompió la habitual soledad de la luz de la luna. Vestía ropa de sport y parecía limpio y aseado, pero, sentado desde esta misma silla en la que me encuentro ahora, pude ver cómo este noctámbulo extraño, hurgaba en los enorme cubos de basura que adornan mi habitual vista nocturna. (Sí, frente a mi ventana se encuentran tres contenedores de basura, generalmente a rebosar, que no suelo citar por mantener el componente romántico de la noche, si es que la noche aún entiende de romanticismo).






