lunes, 26 de enero de 2015

Emotiva. Cuatro años saliendo de la espiral.

Hace cuatro años, Emotiva centro para el cambio, abrió sus puertas para promover el desarrollo integral, la práctica de la inteligencia emocional, y una formación universitaria totalmente práctica y vivencial. De esta manera nacía, también, un nuevo concepto de empresa formativa que se desmarcaba de las del  resto del sector, más interesadas en ampliar currículum, alumnos y galones, que de garantizar, ciertamente, el proceso de auto-descubrimiento, puesta en práctica y necesaria asimilación de una teoría que, en la mayoría de los casos, se encuentra ya en los libros (y en google… ¡viva google!)


Alguno pensará que qué hago yo hablando de empresas ajenas, peloteando a entidades que, por mucho cumpleaños que celebre, no dejan de ser conceptos abstractos creados para hacer dinero, generar riqueza y ascender en la escala jerárquica de eso que llaman poder. Nada más lejos de la realidad. Si peloteo a Emotiva (porque sí, no nos engañemos, esto es peloteo), es porque es el único centro de formación (que yo conozco), nacido de la convicción de querer crecer en contenidos y no en cantidades, en personas y no en números, en emociones y no solo en palabras.

Este mismo que antes pensaba mal, tal vez me señale con el dedo y me acuse de estar diciendo lo que digo solo por ser uno de los formadores de la empresa. ¡Claro!, ¡cómo voy yo a morder la mano que me da de comer!, ¡cómo voy a bajar del pedestal a quien me pide que le ensalce! ¡Cómo voy a ser tan tonto de hablar mal y pronto de quien me paga pronto y bien! 

De nuevo el error. No tiene el día fino el que me sigue señalando. 

Me explico... Que sí, que es cierto, que yo doy formación en Emotiva, que yo trabajo en esta empresa cumpleañera, no lo ocultemos, pero tampoco vayamos a olvidar que lo hago porque nunca (y cuando digo nunca, digo verdad), nunca jamás de los jamases (redundancias incluidas), nadie me obligó a hablar bien de la misma, nadie me pidió más curriculum que mi propia vivencia, nadie me exigió que formara en otro contenido que no fuera el de mi propio testimonio… 

Aquí no hubo más criterio que la fidelidad a lo que desde Emotiva se promueve: salir de la espiral, facilitar el cambio, crecer en valores, gestionar emociones, vivir intensamente la vida. Aquí no escuche una palabra más alta que mi nombre: fui respetado por entero, nadie me recomendó que dejara de ser yo para ser un poco más él.

En esta empresa no encontré vendehumos (y quien me haya leído, ya sabe lo que opino al respecto de estos payasos sin maquillaje), no encontré obligaciones, no hallé más interés que el de los propios alumnos. Ni siquiera puedo decir que me parezcan demasiado inteligentes (más allá del hecho de tenerme a mí como uno de sus formadores, ¡ellos sabrán!): les he visto perder pasta por pintar un par de sonrisas más.

En definitiva,  acúsenme de dorarle la píldora al jefe (jefa, en este caso) si así lo desean, que yo seguiré aplaudiendo a quienes, después de cuatro años de formación en inteligencia emocional, coaching, comunicación, PNL y psicología positiva, siguen manteniendo el espíritu ingenuo del primer día y, ¡aún más jodido!, siguen convenciéndome (a mí, que soy un descreído), de que merece la pena declararle la guerra a la espiral del tedio a base de sonrisas.


¡Felices cuatros años, EMOTIVA!

www.emotivacpc.es