miércoles, 10 de agosto de 2016

Al otro lado de la ventana

Desde la ventana de mi habitación, se cuela la noche sin pedir permiso. Suelo mirar, al hacer una pausa, mientras escribo, a la calle, perderme en el misterio nocturno, con sus calles vacías y sus cielos llenos de estrellas, relajarme contemplando la quietud y la calma que trae la oscuridad... 

Ayer, en mitad de una de esas pausas, tuve un extraño encuentro visual con un señor, que rompió la habitual soledad de la luz de la luna. Vestía ropa de sport y parecía limpio y aseado, pero, sentado desde esta misma silla en la que me encuentro ahora, pude ver cómo este noctámbulo extraño, hurgaba en los enorme cubos de basura que adornan mi habitual vista nocturna. (Sí, frente a mi ventana se encuentran tres contenedores de basura, generalmente a rebosar, que no suelo citar por mantener el componente romántico de la noche, si es que la noche aún entiende de romanticismo).

martes, 2 de agosto de 2016

Una conversación que nunca existió

Callejón oscuro del madrileño barrio de Lavapiés.

La noche, de luna creciente y confusas sombras, ha encontrado a estas dos figuras en mitad de su oscuro idilio. 

Ambos se saludan, parece que se conocen.

-Hace mucho tiempo que no te veo por aquí -dice uno.
-He vuelto al barrio -le contesta el otro.

A este último, por ponerle nombre y facilitar la labor de este humilde narrador, vamos a llamarle Esteban. Al otro, al que inició la conversación, le bautizaremos como Osa, pseudónimo 
o nombre real, tanto da, que los nombres son solo el reflejo de lo que proyectamos.